Hace unos meses, El Club Express publicaba un artículo que por un lado humanizaba y por otro desvelaba algunos secretos inconfesables de todo programador de artes escénicas: ‘Los criterios ocultos del programador cultural’. Bien, en esta dura y a la vez hermosa tarea en la que se encuentra Costa Contemporánea, decidimos hacer un parón para respirar entre tantas propuestas, vídeos, ideas, deseos, limitaciones, cuadernos de apuntes, correos electrónicos… Paramos para reposar la información y sensaciones, porque corremos el peligro de llegar a ese punto en el que uno ya no sabe si llegará al destino que buscaba. Llegamos a esa parte del proceso tan similar a la creación artística. Meses de impulso, de estímulos e intuiciones que comienzan a tomar forma, que imaginas en los días del festival… se troncan por momentos en los que nada de lo decidido en un primer momento te convence por diversos y complicados motivos, hasta llegar a la saturación e inseguridad absoluta. El reposo nos llevará seguramente a la simplificación y a la coherencia que buscamos.

El artículo citado habla en su introducción de la dificultad de alcanzar ese 100% de coherencia. Sin embargo, seguimos buscándola. El artista, los artistas, todos aquellos que envían propuestas o los que son «buscados», aunque pueden intuir, desconocen las tremendas dificultades a las que se enfrenta un programador que quiere ser coherente. Un programador que no quiere dejar de lado sus preferencias artísticas, tampoco la necesidad de mostrar tales o cuales valores en escena, pero que debe pensar en el público y en el coste económico.

clashofthetitans004Cada programador vive su propia dificultad dependiendo de, seguramente por orden, la capacidad económica, los patrocinadores y titulares de subvenciones, la tierra en la que lo desarrolla (no es igual una ciudad con tradición cultural que un pueblo que recientemente se estrena en «la contemporaneidad»), los espacios (no es igual un teatro al uso que un espacio exterior), los tiempos, los medios técnicos, la capacidad humana, sus gustos, la cercanía con algunos artistas, no defraudar, no desilusionar, etc. etc. etc.

Como programadores de un evento joven en una tierra difícil, con un público muy variado (desde el exigente y entendido que viene en exclusiva al festival porque desea conocer nuestras propuestas innovadoras, hasta el ciudadano de una zona poco acostumbrada a ciertos espectáculos, el turista de interior que busca entretenerse en una salida familiar, los representantes políticos…), con un listón artístico muy alto pero con una capacidad económica aún corta en comparación con este ascenso del proyecto, en tan solo cinco años, nos enfrentamos a una Sexta Edición con una especie de bloqueo creativo.

Queremos programar mucho en cinco días: muchos y variados profesores y todavía más artistas, que engalanen con su arte unos días y noches que no se volverán a repetir en todo el año en aquella zona, una zona muy especial, artistas que nos ofrezcan tantas cosas que a veces es difícil dar con ellos. Vemos grandes obras, intuimos otras de otros que por otro lado no tienen ni web ni vídeos (terrible invisibilidad de algunos buenos artistas), pero nos «asustamos» porque dudamos si nos pasaremos de transgresores o no llegaremos por facilones. Debemos diseñar una programación variada que enganche y que tenga un poco de todo, no queremos que el público que llene nuestros espacios se vaya, y así quizás podamos colar obras duras y provocadoras de las que nos gustan entre otras más fáciles, y sobre todo mucha danza. Sí, pero ¿fáciles cómo? No queremos tampoco lo comercial ni lo autocomplaciente, no queremos trabajar un año entero, pensar en tantos artistas como tenemos en mente, valorar y reconocer el trabajo de muchos para dejar al final algo fuera y meter una pieza demasiado fácil. Pero en ocasiones el programador debe hacer un poquito de esto, no quiere que su público se aburra, se vaya… Así que debe equilibrar sus deseos con las necesidades. Debe ser consciente de ante quién está trabajando, porque trabaja para dos vertientes: la creación y fidelidad de un público y el desarrollo profesional del sector en el que se mueve.

sirenas-y-ulisesLuego están esos de los que hablábamos: los patrocinadores. Para ignorarlos y programar lo que a uno le da la gana hay que ser muy mayor como festival, tener ya una trayectoria tal que a las instituciones, políticos y patrocinadores les dé igual si te metes con el sistema, el gobierno, te desnudas entero o haces gestos obscenos.

También tenemos que tener en cuenta que debido a esas ayudas, por sus requisitos, casi nos resulta imposible programar obras andaluzas e internacionales.

He de reconocer que gracias a haber iniciado la andadura sin apoyos durante tres años siempre he gozado de una libertad en programación poco usual. Nunca nadie de aquellos que han entrado a formar parte del proyecto con sus apoyos y ayudas, nunca, se han metido en mis decisiones de programación. Los carteles siempre han sido muy buenos y se fiaban de mi trabajo. Por mi parte, yo sabía (como se ha constatado en algunos casos) que arriesgaría, fallaría o acertaría porque me movía por intuición muchas veces, que estaba programando muchas obras, algunas de las cuales en una misma noche podrían disgustar e incluso ofender. Al cerrar el telón y ver que todo seguía adelante, me sonreía satisfecha por haber arriesgado tanto y haber provocado, removido e incluso rozado la ofensa, porque siempre los artistas citados han tenido un estilo y arte únicos y porque al público siempre le han gustado estos nuestros azotes con gusto.

49518877480acc784544¿Qué pasa entonces con esta edición? ¿A qué viene este miedo escénico?

Simplemente, necesitamos reposar. Disponemos solo de tres noches, el listón se ha puesto demasiado alto y no tenemos medios económicos como para seguir aumentándolo (trabajamos a la vez para que esto cambie). Tenemos el lujo de haber aglutinado en forma de apoyos a casi todas las instituciones, así como una sensación desde fuera «de fiarse de nosotros». Hemos conseguido transmitir el amor y esfuerzo que siempre nos han movido en todos los puntos que acaban dando forma al festival. Pero necesitamos reposar. Quizás sea miedo a perder lo andado, tanto los valores palpables (crecimiento de público, crecimiento de ayudas, aumento de alumnos, de artistas), como los valores transversales o inmateriales (el cariño, la cercanía, el amor, la pasión, la lucha, la defensa por el sector…).

Si reposamos, tal vez mañana veamos que sigue siendo posible una programación 100% coherente, en la que todo brille a una, con una sola voz, en la que hagamos que esa selección de artistas brille en el mejor escenario posible, con el mejor orden posible, que haga que de nuevo los 150 espectadores de cada noche no se levanten de sus asientos, sonrían, retengan la respiración y suspiren o bailen, se desternillen o lloren… en una sola noche. Porque el público, ese público que estamos creando, el que nos sigue y aumenta, en una tierra como Almería, es parte del futuro de todos nosotros.

Pero yo no quiero dejar parte de mi esencia por el camino, y, como pido a las obras que busco, debo dar lo mismo: coherencia en mi propuesta. Estaré satisfecha, haré pucheros cuando vea las obras seleccionadas como cada año cuando me diga: sí, acertaste, este artista, esta compañía es muy grande y la gente se lo está pasando pipa, y mi equipo está feliz de trabajar para ellos y los alumnos quieren que Costa no acabe nunca. Entonces, como cada año, todo este proceso cobrará sentido.

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Porque si no ¿para qué? Como para un artista, todo el sufrimiento de meses de creación, todo cobra sentido en escena. Hoy estoy segura de que volverá a pasar eso como en cada edición, es simplemente que hacer bien las cosas, pensar en el bien común y social, en el propio y no perder demasiado en el camino es complicado.

Como todo en esta vida, uno gana cuando acepta sus limitaciones y saca lo mejor de ellas. Así, atacaremos todos estos condicionantes sin lamentaciones, elegiremos seguro lo mejor para todos y volveremos a dar lo mejor de nosotros mismos para todos, aceptando, eso sí, quiénes somos y dónde nos encontramos. La cosa está seria, sí, pero sin delirios de grandeza, porque en esto de las artes escénicas todos seguimos sin ser nadie. Desde ahí, desde esa premisa daremos lo máximo y seguiremos provocando experiencias inolvidables.

Lo atacaremos, pues, con esa humildad, en busca de esa coherencia.

Y me voy a una de mis películas favoritas como final: ‘Lo que el viento se llevó’: «Y ahora que eres tan rica puedes mandar a todo el mundo al diablo como siempre has dicho que querías hacer» (Rhett Butler).

Pero como no es así, «Después de todo, mañana será otro día» (Scarlet O´hara)

 

Nerea

Nerea Aguilar wrote on 14 enero

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